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NUTRICIÓN

NUTRICIÓN

La nutrición (darle al cuerpo los nutrientes que necesita) es importante para todas las personas. Combinada con la actividad física y un peso saludable, la buena alimentación es una forma excelente de ayudar a tu cuerpo a mantenerse fuerte y saludable.

Si estás recibiendo un tratamiento para el cáncer de mama, o te trataron anteriormente por esta enfermedad, una buena alimentación es especialmente importante para vos. En esta sección, podés leer acerca de la alimentación saludable y sobre qué y cómo debés comer durante el tratamiento y después de este.

¿Cómo te beneficia una alimentación saludable?

Una alimentación saludable consiste en ingerir una variedad de alimentos que te brinden los nutrientes que necesitás para mantenerte sana, sentirte bien y tener energía. Estos nutrientes incluyen las proteínas, los carbohidratos, las grasas, el agua, las vitaminas y los minerales. Lo que comés influye en tu sistema inmunitario, estado de ánimo y nivel de energía.

Grupos alimenticios

Una dieta saludable contiene una variedad de alimentos de los siguientes grupos:

Frutas y verduras

Tanto los expertos en cáncer como los nutricionistas diplomados recomiendan una dieta rica en frutas y verduras. La Sociedad Americana Contra el Cáncer y el American Institute for Cancer Research (Instituto Americano de Investigación sobre el Cáncer) recomiendan ingerir cinco o más porciones de distintas verduras y frutas por día para asegurarse de que el riesgo de tener cáncer sea lo más bajo posible. Las Guías Alimentarias para Estadounidenses de 2005 del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos recomiendan nueve porciones de frutas y verduras por día. Esto parece mucho, pero en realidad son solo alrededor de 2 tazas de fruta y 2 1/2 tazas de verduras.

La variedad es fundamental aseguran los expertos

Además, si comés demasiado de una sola cosa, es posible que te aburrás. Una forma de comer frutas y verduras variadas es consumir alimentos de todos los colores del arcoíris. El verde es el brócoli. El rojo es el pimiento. El amarillo es la banano. El violeta es la berenjena. El anaranjado es la naranja. O bien, intentá consumir verduras de color verde oscuro (por ejemplo, la espinaca) en una comida, y verduras de color naranja (zanahorias, camote o calabaza), en la siguiente. Comé una manzana con el cereal del desayuno y un melocotón con el almuerzo. Las moras frías son un postre delicioso. ¡Ponete creativa!

Granos integrales

Las guías recomiendan consumir 90 gramos o más de granos integrales por día. Los granos integrales conservan el salvado y el germen (el centro de la semilla del grano) y tienen más fibras, minerales y vitaminas que los granos refinados. El proceso de refinado elimina el salvado y el germen del grano.

No se puede saber si un alimento está elaborado con granos integrales al examinar su color, así que se debe leer la etiqueta. Los ingredientes deben decir "integral" o "grano integral" después del nombre del grano, por ejemplo, "grano de trigo integral". El arroz integral, la avena y la cebada son algunos ejemplos de granos integrales que se comen sin refinar. Se recomienda elegir los granos integrales, en lugar de los granos refinados. Para que se lo considere rico en granos integrales, el pan debe tener entre 2 y 3 gramos de fibra por rebanada y los cereales deben tener, al menos, 6 gramos o más de fibra por porción.

Carnes y frijoles

La carne es una buena fuente de proteínas y ácidos grasos, que son necesarios para tener energía y salud. Las carnes rojas también contienen hierro, especialmente importante para las mujeres. Las guías recomiendan 160 gramos de carne (cuya definición abarca al pollo y al pescado) por día o sustitutos de la carne (productos de proteínas vegetales) o frijoles, si preferís no comer carne. Tratá de elegir cortes magros y optá por el pollo o el pescado la mayoría de las veces. Si sos vegetariana, es posible que debás agregar nueces, semillas o frijoles a tu dieta para asegurarte de obtener suficiente hierro y proteínas. Los huevos también entran en esta categoría. Un huevo equivale a una porción de carne de 30 gramos.

Leche y productos lácteos

Las guías recomiendan consumir una de estas opciones todos los días:

  • 3 tazas de leche o yogurt descremados o de bajo contenido graso
  • 130 gramos de queso natural descremado o de bajo contenido graso, por ejemplo, queso cheddar (unas 4 tajadas)
  • 180 gramos de queso procesado descremado o de bajo contenido graso, por ejemplo, queso amarillo (unas 6 tajadas)

O bien, podés mezclar porciones de las opciones anteriores, siempre que lleguen al equivalente de la cantidad recomendada. Por ejemplo:

  • 1 1/2 tazas de leche descremada o de bajo contenido graso y 90 gramos de queso procesado
  • 1 taza de leche descremada o de bajo contenido graso, un envase de yogurt de 180 gramos y 50 gramos de queso natural

El queso procesado tiene menos calcio que el queso natural. Por ello, debés comer mayor cantidad de queso procesado por día. El queso procesado está elaborado con queso natural y otros ingredientes. Está pasteurizado y tiene más humedad, por lo que se puede almacenar durante más tiempo y derretir más fácilmente. Si no te gustan o no podés consumir leche o productos lácteos, asegurate de obtener suficiente fósforo, vitamina A, calcio y vitamina D de otras fuentes de alimentos. Por ejemplo, zanahoria, brócoli, verduras de hojas verdes oscuras, salmón, sardinas y cereales fortificados. Si sos intolerante a la lactosa, probá los suplementos de lactasa.

Grasas y aceites

Necesitás un poco de grasa en tu dieta, pero no mucha. Las guías recomiendan obtener no más del 35% de las calorías diarias a través de las grasas. Existen tres tipos principales de grasas:

  • Las grasas saturadas son las grasas "malas"que elevan los valores de colesterol. Las grasas saturadas se encuentran en los productos animales, como la leche entera, el queso, el helado, comidas grasas y algunos aceites vegetales, como los de palma y coco. Las grasas saturadas también incluyen las grasas trans, presentes en la grasa vegetal hidrogenada, la margarina en barra (o dura), las galletas saladas o dulces, los refrigerios, los alimentos fritos, las rosquillas, los pastelitos, los productos de panadería y otros alimentos procesados elaborados o fritos con aceites parcialmente hidrogenados.
  • Las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas son las grasas "buenas" que ayudan a reducir el valor de colesterol LDL. Estos tipos de grasas se encuentran en el pescado, en los alimentos vegetales, como verduras, nueces y granos, y en los aceites elaborados con estas nueces y granos (de canola, maíz, soja).

Estos cinco grupos de alimentos te proporcionarán todos los nutrientes que tu cuerpo necesita para mantenerse fuerte y saludable. Quizás te preguntés a cuál de estos grupos pertenecen el chocolate y algunos de tus alimentos favoritos. No te preocupés, pertenecen a alguno de ellos. Simplemente tenés que ser consciente de cuándo los comés y la cantidad que ingerís.

Vitaminas y minerales

Las vitaminas mantienen los huesos fuertes, la visión nítida y aguda, y la piel, las uñas y el cabello sanos y brillantes. Las vitaminas también ayudan al cuerpo a utilizar la energía de los alimentos que ingerís.

Los minerales son elementos químicos que ayudan a regular los procesos del cuerpo. El potasio, por ejemplo, ayuda a los nervios y los músculos a funcionar. El calcio ayuda a los dientes y los huesos a mantenerse fuertes. El hierro transporta el oxígeno hacia las células.

Si seguís una dieta balanceada que tiene suficientes calorías y proteínas, probablemente te aporte suficientes vitaminas y minerales. Sin embargo, si estás recibiendo un tratamiento del cáncer de mama, esto puede constituir un problema. Además, ciertos tratamientos socavan las reservas de algunos minerales o vitaminas que tiene el cuerpo.

También es importante recordar que existe una gran diferencia entre obtener los nutrientes a través de los alimentos y obtenerlos mediante suplementos (vitaminas, minerales, hierbas y plantas medicinales). Las vitaminas y los minerales trabajan juntos en el cuerpo de formas muy complejas, influyen mutuamente en su absorción y procesamiento e inciden en la forma en que funciona el cuerpo. Cuando obtenés vitaminas y minerales a través del consumo de alimentos, generalmente es más fácil para el cuerpo mantener el equilibrio de estos nutrientes. Cuando tomás un suplemento, como un comprimido de vitamina C o E, obtenés una dosis muy concentrada que probablemente nunca obtendrías de los alimentos. Si bien algunos suplementos son beneficiosos, otros reducen la eficacia de ciertos tratamientos del cáncer de mama.

El agua

El agua es necesaria para la vida, por lo que resulta fundamental para tener una buena salud. El contenido de agua oscila entre el 50% y el 66% del peso corporal total. El agua regula tu temperatura, traslada los nutrientes por tu cuerpo y elimina los residuos. El tratamiento del cáncer de mama a veces causa diarrea o vómitos. La pérdida de una gran cantidad de líquido, con las sustancias químicas y los minerales que contiene, puede producir deshidratación.

En general, es recomendable beber entre 6 y 8 vasos de agua por día. Si perdiste líquido porque tuviste diarrea o vómitos, debés reemplazar el líquido y los componentes esenciales que contiene. El caldo de pollo o verduras, el jugo de tomate, los jugos de frutas y las bebidas para deportistas, son ejemplos de líquidos que te ayudan a reemplazar las vitaminas y los minerales que perdió tu cuerpo.

DURANTE EL TRATAMIENTO

Si te estás recuperando de una cirugía, estás recibiendo quimioterapia o radiación, o te están realizando otro tratamiento del cáncer de mama, tu principal objetivo es eliminar el cáncer. Una buena alimentación te ayudará a mantenerte fuerte, ya que le brindarás a tu cuerpo los nutrientes que necesita.

Vos y tu médico no podrán pronosticar con exactitud cómo te afectará el tratamiento. Tu salud general y el peso que tengás antes del diagnóstico desempeñan un papel importante, y lo mismo ocurre con el tipo, la cantidad y la duración del tratamiento que recibás.

A medida que avancés con el tratamiento, prestá atención a tu cuerpo y dale lo que necesita. Quizás continués disfrutando de la cocina, la comida y tengás un apetito normal. También es probable que tengás días en los que no te sintás con deseos de comer nada, días en los que querás comer de todo y momentos en los que solo algunas cosas te sepan bien. Lo más conveniente es tener un plan de comidas flexible y saludable, que te ayude a controlar los deseos y las necesidades cambiantes de tu cuerpo.

Una dieta saludable, que cuente con una variedad de alimentos, muchas frutas y verduras y cantidad suficiente de proteínas, te proporcionará las reservas de nutrientes que necesitás para conservar tu fuerza mientras recibís el tratamiento del cáncer de mama. Estas reservas también ayudan a regenerar los tejidos del cuerpo y a mantener fuerte el sistema inmunológico para combatir las infecciones. Además, una dieta saludable te ayudará a sobrellevar los efectos secundarios del tratamiento. Existen pruebas de que algunos tratamientos de cáncer son más eficaces para las personas que ingieren suficientes calorías y proteínas. Mientras recibís un tratamiento para el cáncer de mama, la dieta saludable es más importante que nunca.

¿Cómo planificar las comidas?

Si planificás con anticipación tu tratamiento, podés ahorrar tiempo y esfuerzo mediante el uso de servicios de entrega a domicilio, menús previamente planificados y la ayuda de tus amigos para cocinar y hacer las compras. Cuando te sintás bien, podés cocinar grandes cantidades de alimentos, dividirlas y congelarlas. Luego, los días que no te sintás tan bien, simplemente descongelá algo. Ingerí la comida más importante que tenga la mayor cantidad de nutrientes en el momento del día en que te sintás mejor y tengás más energía. Quizás terminés comiendo sopa en el desayuno, pero eso está bien, es lo mejor para tu cuerpo.

Sugerencias útiles de mujeres que han recibido tratamiento del cáncer de mama

  • Hacé que cada bocado valga la pena: elegí alimentos y bebidas que tengan muchos nutrientes en lugar de calorías vacías. La lasaña de verduras o una ensalada son opciones mucho mejores que un paquete de papas fritas y una lata de gaseosa.
  • Usá un banquito o una silla para sentarte mientras cocinás si estás cansada.
  • Tené a mano alimentos que sean rápidos y fáciles de preparar, como zanahorias miniatura lavadas, queso en tiras en paquetes individuales o nueces y uvas pasas. Los refrigerios livianos entre las comidas te ayudarán a consumir suficientes proteínas y calorías.
  • Tomá un suplemento polivitamínico si no podés ingerir suficientes alimentos. Pedile a tu médico que te recomiende un suplemento polivitamínico.
  • Considerá la posibilidad de tomar un suplemento proteínico líquido si tenés dificultades para consumir suficientes proteínas. Existen productos comerciales disponibles. Pedile a tu médico o a tu nutricionista diplomado que te recomiende algún producto y otros consejos de alimentación.
  • Hablá con un nutricionista diplomado y pedile que evalúe tu dieta si no estás segura de que sea balanceada. Decile al nutricionista que estás siguiendo un tratamiento para el cáncer y que deseás asegurarte de que tu dieta sea la mejor posible.
  • Intentá hacer las compras en un mercado o puesto al aire libre si hay alguno cerca de tu casa. Es posible que sea más fácil comprar los alimentos en un espacio abierto que en una tienda donde los olores quedan encerrados.
  • Comprá en grandes cantidades. Cuando te sintás bien, comprá varios paquetes de alimentos que se mantengan frescos, para que no tengás que ir al supermercado tan a menudo.
  • Pedí ayuda para llevar los alimentos hasta el carro y para cargarlos. La mayoría de los supermercados brinda este servicio si lo solicitás. O bien, pedile a un amigo que te acompañe a hacer las compras y te ayude a descargar los alimentos cuando llegués a la casa.

Consejos para que a los demás les resulte fácil ayudarle

No te avergoncés de aceptar los ofrecimientos de amigos y familiares para ayudarte a cocinar o hacer las compras. Y no tengás miedo de pedir ayuda si la necesitás. Es posible que sus familiares y amigos no sepan lo que ocupás, de modo que debés decírselos. Ellos te quieren y cuando pueden ayudarte, ¡se sienten bien! Los siguientes son algunos consejos que harán las cosas más fáciles para vos, tus familiares y amigos:

  • Tené a mano una lista de compras básicas para que le resulte más fácil a alguien ir al supermercado en tu lugar.
  • Escribí menús de varias comidas (con las recetas) que te gusten, para que las personas que desean ayudarte tengan una guía.
  • Hacé una lista de los alimentos que te gustan los días en los que no te sintás tan bien para que tus amigos sepan lo que podés tolerar mejor.

DESPUÉS DEL TRATAMIENTO

Muchas personas diagnosticadas con cáncer de mama tienen una vida larga y activa después del tratamiento. La alimentación saludable durante el tratamiento y la actividad física son importantes mientras te recuperás de este y comenzás a dejar atrás la enfermedad.

Si bien se han realizado algunos estudios sobre la capacidad de la dieta de reducir el riesgo de tener cáncer de mama, son menos los estudios realizados sobre la función de la dieta en la reducción del riesgo de recurrencia del cáncer. Sin embargo, las investigaciones existentes indican que la falta de ejercicio y el sobrepeso posiblemente aumentan el riesgo de recurrencia del cáncer de mama. Una dieta saludable y el ejercicio te ayudarán a mantener un peso ideal y te brindarán más energía para recuperarte y mejorar tu calidad de vida. Una buena alimentación ayudará a tu cuerpo a recuperar la fuerza muscular y a superar efectos secundarios como la anemia o la fatiga.

No creás que debés cambiar la dieta drásticamente en un día. Una vez concluido el tratamiento, es probable que te sintás mucho mejor, pero quizás no exactamente igual que antes de este. Existe la posibilidad de que tus gustos cambien y es posible que algunos alimentos ya no te gusten. Tomalo con calma y acostumbrate poco a poco a la alimentación y cocina saludables.

Tu peso ideal

Pautas generales para mantener tu peso ideal

  • Intentá comer refrigerios o comidas ligeras cada hora o cada 2 horas. Tené a mano comidas con alto contenido de proteínas, como queso en tiras, nueces sin sal, galletas con mantequilla de maní o almendras, huevos duros, barritas energéticas o paquetes individuales de pudín o flan.
  • Intentá comer alimentos con alto contenido de proteínas. Durante el tratamiento del cáncer de mama, a algunas mujeres comienzan a desagradarles los alimentos con grasas. Si esto te sucede, intentá consumir alimentos de alto contenido de proteínas y bajo contenido graso, como yogurt, queso blanco, huevos, carnes o pescados magros y lentejas.
  • Comé frutas y verduras que tengan muchos nutrientes y almidón. Probá las frutas secas, los jugos naturales de frutas o verduras, o los alimentos vegetales como maíz, arvejas, bananos, mangos y frijoles blancos.

Para obtener más proteína cada día, probá algunas de estas sugerencias:

  • Agregá queso a los sándwiches, el pescado, las verduras, las sopas, las pastas, el arroz y los fideos.
  • Agregá carne magra, pescado o tofu a la salsa para pastas, las sopas y las salsas. También podés sofreírlos con verduras y obtener una comida rápida y deliciosa.
  • Utilizá leche en lugar de agua para cocinar cuando sea posible.
  • Comé huevos duros. Guardalos en el refrigerador para consumirlos como una comida ligera. Agregá huevos duros cortados en trocitos a las ensaladas y los sándwiches.
  • Agregá nueces, semillas o germen de trigo a los panes, las galletas dulces, las tortas, los panecillos, los panqueques y los cereales. También podés esparcirlos sobre helados y frutas.
  • Agregá mantequilla de maní o almendra a los sándwiches, las tostadas, las galletas saladas, los panecillos y las rodajas de fruta. También podés utilizarla para untar verduras crudas.
  • Comé yogurt con rodajas de frutas y verduras o con galletas de dulce.
  • Agregá yogurt helado, helado o crema batida al café, el té o al chocolate caliente.
  • Mezclá queso blanco con salsa y aguacate cortado en trocitos para preparar un delicioso acompañamiento.

¿Cómo alimentarse para recuperar peso después?

Si deseás recuperar peso, es importante que te asegurés de consumir suficientes proteínas. La cantidad será diferente para cada persona. Juntos, vos y el nutricionista diplomado, pueden elaborar un plan de alimentación adecuado.

¿Cómo obtener más proteínas en su dieta?

Las proteínas ayudan a sanar y regenerar los tejidos. Durante el tratamiento, una buena regla general es consumir medio gramo de proteína por cada libra de peso. Por ejemplo, si pesás 160 libras, intentá obtener 80 g de proteína en tu dieta por día. Algunas buenas fuentes de proteínas son la carne magra, el pescado, las aves de corral y los productos lácteos, las nueces, los frijoles secos, las arvejas, las lentejas y la soja.

Dieta saludable

¿Cómo agregar opciones saludables a tu dieta?

Una vez que terminás tu tratamiento, el mejor plan de nutrición y bienestar para vos te ayudarán a recuperar la fuerza y el entusiasmo de vivir. Si bien los investigadores todavía están intentando determinar si el consumo de alimentos no saludables puede aumentar el riesgo de recurrencia del cáncer de mama, realizar cambios positivos en tu dieta te ayudará a tener un papel activo en tu salud y bienestar. A continuación se incluyen algunos consejos que te ayudarán a adoptar una alimentación saludable:

  • Elegí la variedad. Comprá un producto nuevo de fruta, verdura o granos integrales cada vez que vayás al supermercado. Una alimentación saludable incluye el consumo de una VARIEDAD de alimentos. Es cierto, las zanahorias tienen muchas vitaminas, pero si solo comieras zanahorias, no estarías saludable. Date esos gustos ricos y sanos. ¡No tengás miedo de probar algo nuevo!
  • Elegí productos lácteosy leche descremados. Si acostumbrás tomar leche entera, mezclala con leche descremada o de bajo contenido graso para acostumbrarte poco a poco al cambio.
  • Evitá los alimentos curados en sal, en escabeche o ahumados. Estos alimentos suelen tener alto contenido de sal y nitratos, lo que puede contribuir a elevar la presión arterial en algunas personas.
  • Elegí porciones pequeñas (alrededor de 180 gramos) de carnes magras y aves de corral (sin piel) por día. Si comés carne dos veces por día, cada porción debe ser de aproximadamente 90 gramos.
  • Cociná los alimentos al horno o a la parrilla, en lugar de freírlos. La grasa vegetal hidrogenada, que generalmente se utiliza para freír, contiene grasas trans, que pueden aumentar el colesterol.
  • Cubrí tu plato de alimentos frescos con muchos nutrientes. Llená tu plato con dos tercios de verduras, frutas, granos integrales y frijoles, y un tercio o menos de carne y productos lácteos. Probá la lasaña de espinaca, el o las verduras salteadas para incluir más verduras en tu dieta.
  • Elegí jugos naturales y panes integrales para el desayuno. Agregá uvas pasas a la avena o un banano al cereal frío.
  • Consumí comidas ligeras saludables. Probá con zanahorias miniatura, tiras de chile dulce, gajos de naranja, yogurt descremado o un puñado de almendras.
  • Reducí el consumo de grasas saturadas. Elegí cortes magros de carne y aves de corral. Retirá el exceso de grasa de la carne y la piel de las aves de corral. Probá un filete de atún o salmón, en lugar de carne bovina o de cerdo. Limitá el consumo de mantequilla.

Una nueva forma de pensar en los alimentos

Cuando elaborés tu plan de alimentación saludable después del tratamiento, no olvidés incluir la felicidad en la receta. No te privés de tus alimentos favoritos, como el chocolate, los pasteles o las papas fritas, pero no los comás mecánicamente. Pensá en lo que ponés en tu cuerpo. Antes de llevarte algo a la boca, pensá en lo que vas a comer:

  • ¿Qué es y por qué lo comés?
  • Pensá en los alimentos de tu plato como una fuente de nutrición saludable: no es solo combustible, sino algo que te ayuda a recuperarte.
  • Mirá el bocado en el tenedor e imaginá cómo te ayudará a estar más saludable.
  • Masticá cada bocado 30 veces, como mínimo. Sentí cómo los sabores cambian a medida que masticás.
  • Tragá y dejá el utensilio sobre la mesa. Descansá entre un bocado y otro.
  • Después de comer durante 15 o 20 minutos, preguntate si todavía tenés hambre o si podrías esperar varias horas antes de volver a comer.
  • Comé cuando tengás hambre y detenete cuando estés satisfecha. No sigás comiendo hasta sentirte llena.
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