Loading...

PSICOLOGÍA

PSICOLOGÍA

LA VIDA DURANTE LA ENFERMEDAD

Para vos, tu familia y tus seres queridos, el regreso o la extensión del cáncer probablemente sea muy angustiante. En esta sección, podés leer sobre técnicas de manejo de las emociones, de cómo obtener apoyo, cómo hablar con familiares y amigos y cómo vivir con el cáncer de mama metastásico.

En esta sección podés leer material sobre los beneficios del ejercicio para las personas con diagnóstico de cáncer de mama, los tipos de ejercicios y cuándo podrás hacer ejercicio, tanto durante el tratamiento, como después de este.

Tus sentimientos

Para algunas mujeres, un diagnóstico metastásico es su primer diagnóstico de cáncer de mama. Otras mujeres se encuentran de nuevo como pasajeras en la montaña rusa emocional de la que creían que se habían bajado después del tratamiento anterior. En ocasiones, esto significa sentir enojo, miedo, tensión, indignación o depresión. Si el cáncer es recurrente, algunas mujeres podrían cuestionar los tratamientos que tuvieron o enojarse con sus médicos o consigo mismas por no haber podido vencer a la enfermedad. Otras manejan el diagnóstico en forma pragmática. No hay formas correctas ni erradas de asumir el diagnóstico. Vos debés hacer y sentir lo que sea mejor para vos y para tu situación particular.

A muchas personas les ayuda concentrarse en comprender el nuevo diagnóstico de cáncer de mama, aprendiendo todo lo que puedan sobre las distintas opciones de tratamiento y dedicando tiempo a buscar varias opiniones médicas. La información ayuda a darte una sensación de control, lo cual es positivo en el momento de manejar la ansiedad y el miedo.

Una parte de las mujeres con diagnóstico de cáncer de mama metastásico han manifestado que pensar en el futuro les asusta, porque no saben lo que va a pasar. Algunas sienten que vivir en el presente y aprovechar la vida al máximo les ayuda a reducir el miedo y la tensión de un diagnóstico de cáncer avanzado. Tener una meta o un pasatiempo es una actividad deseable —podés enfocarte en algo que no sea el cáncer y vivir fuera de vos misma por un rato—. Hay muchas actividades que ayudan a dar la sensación de vivir en el momento presente. Algunos ejemplos incluyen pasar tiempo con los seres queridos, hacer arte, llevar un diario, escuchar música o tener una mascota. También, lograr metas pequeñas diarias que se acumulen hacia una meta mayor logra ser reconfortante y estabilizante.

APOYO EMOCIONAL

A la mayoría de las personas les ayuda hablar abiertamente sobre los miedos, las preocupaciones o las frustraciones que puedan sentir al vivir con el cáncer de mama. Si bien algunas personas eligen confiar en sus familiares y amigos, otros prefieren hablar en un contexto de grupos de apoyo para el cáncer. En cualquier caso, podés hablar con otras mujeres que han enfrentado retos similares y obtener consejos de primera mano sobre el manejo de efectos secundarios, así como del miedo y la tensión.

Si no te llaman la atención los grupos de apoyo, podrías querer hablar con un experto en la atención del cáncer, tal como un trabajador social en oncología, un psiquiatra, psicólogo o consejero. Podés preguntar a tu médico o en tu hospital y pedir recomendaciones.

Muchas personas encuentran apoyo emocional y fuerza en la fe. Existe la posibilidad de que te sintás reconfortada en la oración y conversando con miembros o líderes espirituales de tu comunidad.

  • Los amigos pueden llevar comidas preparadas para los días en que no sintás mucha energía y ayudarte a hacer compras con transporte o a cuidar de tus hijos.
  • Tus compañeros de trabajo y supervisores pueden cambiar la carga laboral, para reducir tus responsabilidades o permitirte trabajar desde la casa.
  • Las organizaciones comunitarias, los grupos religiosos y de defensa de pacientes con cáncer suelen tener voluntarios que ayudan a cuidar niños, a hacer o traer comidas o con otras necesidades diarias.

Conversaciones con la familia y amigos sobre tu enfermedad

Si el cáncer de mama es recurrente, contarles a tus seres queridos que el cáncer ha regresado puede ser más difícil que cuando les contaste del diagnóstico original. Si es un primer diagnóstico y es metastásico, es probable que sea extremadamente difícil comunicar esto a tus amigos y familiares. Es posible que te inquiete hacer sufrir a sus amigos y familiares o que te preocupe pensar cómo van a reaccionar. Incluso después de compartir la noticia, puede que, en ciertas ocasiones, se te haga difícil mantener una comunicación abierta. A veces es incómodo pedir ayuda, contestar preguntas de cómo te está yendo o decirles a familiares y amigos con buenas intenciones que querés tiempo y espacio para estar sola.

Las conversaciones que tengás variarán dependiendo de tu interlocutor: tu pareja, tus hijos, amigas cercanas o colegas. Lo más importante que hay que tener en mente es que siempre tenés el control de la conversación. Cuánta información compartás y qué emociones querás manifestar es una decisión completamente personal.

Conversaciones con tu cónyuge o pareja

Si estás casada o en una relación de pareja, tu diagnóstico no solamente impactará tu vida; también tendrá un impacto significativo en tu pareja. Es natural que tu pareja tema por tu salud y bienestar y se preocupe por lo que pueda pasar en el futuro. Si comparten un hogar, posiblemente tengan ya la costumbre de repartir ciertos roles y responsabilidades. Puede que tu pareja se pregunte qué pasará si no podés realizar tus tareas habituales, si esto significa perder ingresos, el cuidado de los hijos, pagar recibos, preparar comidas o cualquier otra actividad cotidiana.

El cáncer de mama puede intensificar cualquier patrón de comunicación previo que existiera en tu relación. Si vos y tu pareja siempre han podido conversar de temas difíciles, esta capacidad probablemente te ayudará en este momento. Si la comunicación abierta ha sido difícil, es probable que tengás que trabajar más duro para poder hablar del cáncer y de lo que esto significa para tu relación y hogar.

Cada relación es única. Si aún no lo estás haciendo, puede que los siguientes consejos te ayuden:

  • Involucrá a tu pareja en sus citas médicas
  • Asegurate de expresar tus necesidades claramente
  • Preguntá cuáles necesidades tiene tu pareja
  • Programá tiempo para estar a solas con tu pareja
  • Aceptá que pueden tener formas distintas de lidiar con la situación
  • Descifren qué ajustes hay que hacer en el hogar y pidan ayuda en conjunto
  • Prepárense para posibles cambios en su relación sexual, si sufrís de efectos secundarios como fatiga, depresión o reducción del deseo sexual
  • Busquen ayuda profesional si lo necesitan

Conversaciones con niños pequeños

Si estás a cargo de niños pequeños (de 3 a 9 años), ya sea como madre o abuela, podés sentir la tentación de protegerlos y no enterarlos de tu diagnóstico. Los expertos concuerdan en que esto no es buena idea. Incluso los niños muy pequeños pueden sentir cuando los miembros de la familia están tensos o ansiosos o cuando hay interrupciones a la rutina usual. Notarán cambios en tu apariencia y nivel de energía y sabrán que estás pasando tiempo en el hospital o centro de tratamiento.

Aunque los niños pequeños no necesitan muchos detalles, sí necesitan sinceridad y consuelo. Si no reciben una explicación directa de vos, pueden imaginar una situación mucho peor que la realidad. Ser sincera con ellos les da un sentido de confianza que les ayudará a enfrentar no solamente esta situación, sino también otros retos que la vidainevitablemente les presentará.

Conversaciones con niños mayores

Si bien muchos de los consejos para conversar con niños pequeños aplican a los niños mayores (10 a 18 años de edad), los niños mayores y adolescentes tienen necesidades adicionales de información. En la televisión y en otros medios se habla de cáncer de mama, por lo que los niños mayores probablemente entenderán la seriedad del cáncer recurrente o metastásico. Además de sinceridad y consuelo, van a querer más información que la que puedan pedir los niños menores. También, recordá que los niños mayores expresan sus sentimientos en formas que puedan parecer inapropiadas, como vergüenza o enojo. Darles información y ayudarles a saber que está perfectamente bien seguir con sus estudios y actividades sociales mientras sobrellevás el cáncer ayuda a que mantengan un sentido de normalidad.

Tu trabajo luego del diagnóstico

El efecto de un diagnóstico de cáncer de mama recurrente o metastásico en la vida laboral es diferente para cada persona. Puede que tengás un supervisor comprensivo, un horario flexible y un equipo alentador que te apoyen. Podés también tener preguntas sobre cómo sobrellevar el tratamiento junto con el trabajo. Algunas mujeres se preguntan si deberían seguir trabajando. Otras sienten la necesidad de trabajar porque les preocupa poder pagar el costo del tratamiento. A fin de cuentas, debés hacer lo que sea mejor para vos, tu estilo de vida y tu familia. No hay una sola manera que sea mejor para sobrellevar los aspectos emocionales, físicos y legales de balancear tu trabajo y tratamiento. A continuación hay algunos consejos que han sido útiles para otras personas.

Si trabajás durante el tratamiento: Decile a tu médico que vas a estar trabajando durante el tratamiento. Es posible que logre programar las citas para no interrumpir tus horas de trabajo. Los tratamientos para el cáncer de mama a veces producen problemas para pensar o afectan la memoria —conocidos como efectos cognitivos— que podrían afectar tu capacidad para realizar tu trabajo. Si se te está haciendo difícil enfocarte o si se te están olvidando cosas importantes, es recomendable llevar una bitácora de trabajo, en la cual:

  • Llevés un registro escrito de las reuniones y citas, con fecha y hora, así como lo que se habló en cada una.
  • Escribás resúmenes de las conversaciones importantes, que incluya ideas que deseés recordar y decisiones tomadas.
  • Llevés el seguimiento de las fechas límite para tareas y de las metas que se van logrando.
  • Mantengás una lista de asuntos pendientes actualizada.

Si vas a dejar de trabajar: Algunas personas deciden que necesitan concentrarse por completo en el tratamiento y dejan de trabajar. El seguro de incapacidad por enfermedad corta o larga te ayudará con un porcentaje de sus ingresos en caso de lesión o enfermedad que te impida trabajar.

Enfrentar los miedos

Tras un diagnóstico de cáncer de mama recurrente o metastásico, en ocasiones es difícil mantener el positivismo y ver hacia el futuro. Podés sentirte tensa, ansiosa o con miedo de ver al médico. Si bien los sentimientos de miedo o ansiedad son completamente normales, también es importante saber que los tratamientos actuales para el cáncer de mama avanzado pueden ser muy exitosos y que todo el tiempo se están desarrollando y probando nuevos tratamientos.

En cualquier caso, el tratamiento para el cáncer no solo debe abordar lo físico; también tiene que ver con el bienestar emocional y los mejores planes de tratamiento abordan ambas dimensiones. Es importante buscar formas de manejar el estrés y de reducir los miedos. Puesto que cada persona maneja el estrés a su manera, algunos de los siguientes consejos podrían levantarte el ánimo y hacerte sentir más tranquila, relajada y esperanzada:

DESPUÉS DEL TRATAMIENTO

Muchas personas diagnosticadas con cáncer de mama tienen una vida larga y activa después del tratamiento. La alimentación saludable durante el tratamiento y la actividad física son importantes mientras te recuperás de este y comenzás a dejar atrás la enfermedad.

Si bien se han realizado algunos estudios sobre la capacidad de la dieta de reducir el riesgo de tener cáncer de mama, son menos los estudios realizados sobre la función de la dieta en la reducción del riesgo de recurrencia del cáncer. Sin embargo, las investigaciones existentes indican que la falta de ejercicio y el sobrepeso posiblemente aumentan el riesgo de recurrencia del cáncer de mama. Una dieta saludable y el ejercicio te ayudarán a mantener un peso ideal y te brindarán más energía para recuperarte y mejorar tu calidad de vida. Una buena alimentación ayudará a tu cuerpo a recuperar la fuerza muscular y a superar efectos secundarios como la anemia o la fatiga.

No creás que debés cambiar la dieta drásticamente en un día. Una vez concluido el tratamiento, es probable que te sintás mucho mejor, pero quizás no exactamente igual que antes de este. Existe la posibilidad de que tus gustos cambien y es posible que algunos alimentos ya no te gusten. Tomalo con calma y acostumbrate poco a poco a la alimentación y cocina saludables.

Tu peso ideal

Pautas generales para mantener tu peso ideal

  • Intentá comer refrigerios o comidas ligeras cada hora o cada 2 horas. Tené a mano comidas con alto contenido de proteínas, como queso en tiras, nueces sin sal, galletas con mantequilla de maní o almendras, huevos duros, barritas energéticas o paquetes individuales de pudín o flan.
  • Intentá comer alimentos con alto contenido de proteínas. Durante el tratamiento del cáncer de mama, a algunas mujeres comienzan a desagradarles los alimentos con grasas. Si esto te sucede, intentá consumir alimentos de alto contenido de proteínas y bajo contenido graso, como yogurt, queso blanco, huevos, carnes o pescados magros y lentejas.
  • Comé frutas y verduras que tengan muchos nutrientes y almidón. Probá las frutas secas, los jugos naturales de frutas o verduras, o los alimentos vegetales como maíz, arvejas, bananos, mangos y frijoles blancos.

Para obtener más proteína cada día, probá algunas de estas sugerencias:

  • Agregá queso a los sándwiches, el pescado, las verduras, las sopas, las pastas, el arroz y los fideos.
  • Agregá carne magra, pescado o tofu a la salsa para pastas, las sopas y las salsas. También podés sofreírlos con verduras y obtener una comida rápida y deliciosa.
  • Utilizá leche en lugar de agua para cocinar cuando sea posible.
  • Comé huevos duros. Guardalos en el refrigerador para consumirlos como una comida ligera. Agregá huevos duros cortados en trocitos a las ensaladas y los sándwiches.
  • Agregá nueces, semillas o germen de trigo a los panes, las galletas dulces, las tortas, los panecillos, los panqueques y los cereales. También podés esparcirlos sobre helados y frutas.
  • Agregá mantequilla de maní o almendra a los sándwiches, las tostadas, las galletas saladas, los panecillos y las rodajas de fruta. También podés utilizarla para untar verduras crudas.
  • Comé yogurt con rodajas de frutas y verduras o con galletas de dulce.
  • Agregá yogurt helado, helado o crema batida al café, el té o al chocolate caliente.
  • Mezclá queso blanco con salsa y aguacate cortado en trocitos para preparar un delicioso acompañamiento.

¿Cómo alimentarse para recuperar peso después?

Si deseás recuperar peso, es importante que te asegurés de consumir suficientes proteínas. La cantidad será diferente para cada persona. Juntos, vos y el nutricionista diplomado, pueden elaborar un plan de alimentación adecuado.

¿Cómo obtener más proteínas en su dieta?

Las proteínas ayudan a sanar y regenerar los tejidos. Durante el tratamiento, una buena regla general es consumir medio gramo de proteína por cada libra de peso. Por ejemplo, si pesás 160 libras, intentá obtener 80 g de proteína en tu dieta por día. Algunas buenas fuentes de proteínas son la carne magra, el pescado, las aves de corral y los productos lácteos, las nueces, los frijoles secos, las arvejas, las lentejas y la soja.

Dieta saludable

¿Cómo agregar opciones saludables a tu dieta?

Una vez que terminás tu tratamiento, el mejor plan de nutrición y bienestar para vos te ayudarán a recuperar la fuerza y el entusiasmo de vivir. Si bien los investigadores todavía están intentando determinar si el consumo de alimentos no saludables puede aumentar el riesgo de recurrencia del cáncer de mama, realizar cambios positivos en tu dieta te ayudará a tener un papel activo en tu salud y bienestar. A continuación se incluyen algunos consejos que te ayudarán a adoptar una alimentación saludable:

  • Elegí la variedad. Comprá un producto nuevo de fruta, verdura o granos integrales cada vez que vayás al supermercado. Una alimentación saludable incluye el consumo de una VARIEDAD de alimentos. Es cierto, las zanahorias tienen muchas vitaminas, pero si solo comieras zanahorias, no estarías saludable. Date esos gustos ricos y sanos. ¡No tengás miedo de probar algo nuevo!
  • Elegí productos lácteosy leche descremados. Si acostumbrás tomar leche entera, mezclala con leche descremada o de bajo contenido graso para acostumbrarte poco a poco al cambio.
  • Evitá los alimentos curados en sal, en escabeche o ahumados. Estos alimentos suelen tener alto contenido de sal y nitratos, lo que puede contribuir a elevar la presión arterial en algunas personas.
  • Elegí porciones pequeñas (alrededor de 180 gramos) de carnes magras y aves de corral (sin piel) por día. Si comés carne dos veces por día, cada porción debe ser de aproximadamente 90 gramos.
  • Cociná los alimentos al horno o a la parrilla, en lugar de freírlos. La grasa vegetal hidrogenada, que generalmente se utiliza para freír, contiene grasas trans, que pueden aumentar el colesterol.
  • Cubrí tu plato de alimentos frescos con muchos nutrientes. Llená tu plato con dos tercios de verduras, frutas, granos integrales y frijoles, y un tercio o menos de carne y productos lácteos. Probá la lasaña de espinaca, el o las verduras salteadas para incluir más verduras en tu dieta.
  • Elegí jugos naturales y panes integrales para el desayuno. Agregá uvas pasas a la avena o un banano al cereal frío.
  • Consumí comidas ligeras saludables. Probá con zanahorias miniatura, tiras de chile dulce, gajos de naranja, yogurt descremado o un puñado de almendras.
  • Reducí el consumo de grasas saturadas. Elegí cortes magros de carne y aves de corral. Retirá el exceso de grasa de la carne y la piel de las aves de corral. Probá un filete de atún o salmón, en lugar de carne bovina o de cerdo. Limitá el consumo de mantequilla.

Una nueva forma de pensar en los alimentos

Cuando elaborés tu plan de alimentación saludable después del tratamiento, no olvidés incluir la felicidad en la receta. No te privés de tus alimentos favoritos, como el chocolate, los pasteles o las papas fritas, pero no los comás mecánicamente. Pensá en lo que ponés en tu cuerpo. Antes de llevarte algo a la boca, pensá en lo que vas a comer:

  • ¿Qué es y por qué lo comés?
  • Pensá en los alimentos de tu plato como una fuente de nutrición saludable: no es solo combustible, sino algo que te ayuda a recuperarte.
  • Mirá el bocado en el tenedor e imaginá cómo te ayudará a estar más saludable.
  • Masticá cada bocado 30 veces, como mínimo. Sentí cómo los sabores cambian a medida que masticás.
  • Tragá y dejá el utensilio sobre la mesa. Descansá entre un bocado y otro.
  • Después de comer durante 15 o 20 minutos, preguntate si todavía tenés hambre o si podrías esperar varias horas antes de volver a comer.
  • Comé cuando tengás hambre y detenete cuando estés satisfecha. No sigás comiendo hasta sentirte llena.

DESPUÉS DEL TRATAMIENTO

Muchas personas diagnosticadas con cáncer de mama tienen una vida larga y activa después del tratamiento. La alimentación saludable durante el tratamiento y la actividad física son importantes mientras te recuperás de este y comenzás a dejar atrás la enfermedad.

Si bien se han realizado algunos estudios sobre la capacidad de la dieta de reducir el riesgo de tener cáncer de mama, son menos los estudios realizados sobre la función de la dieta en la reducción del riesgo de recurrencia del cáncer. Sin embargo, las investigaciones existentes indican que la falta de ejercicio y el sobrepeso posiblemente aumentan el riesgo de recurrencia del cáncer de mama. Una dieta saludable y el ejercicio te ayudarán a mantener un peso ideal y te brindarán más energía para recuperarte y mejorar tu calidad de vida. Una buena alimentación ayudará a tu cuerpo a recuperar la fuerza muscular y a superar efectos secundarios como la anemia o la fatiga.

No creás que debés cambiar la dieta drásticamente en un día. Una vez concluido el tratamiento, es probable que te sintás mucho mejor, pero quizás no exactamente igual que antes de este. Existe la posibilidad de que tus gustos cambien y es posible que algunos alimentos ya no te gusten. Tomalo con calma y acostumbrate poco a poco a la alimentación y cocina saludables.

Tu peso ideal

Pautas generales para mantener tu peso ideal

  • Intentá comer refrigerios o comidas ligeras cada hora o cada 2 horas. Tené a mano comidas con alto contenido de proteínas, como queso en tiras, nueces sin sal, galletas con mantequilla de maní o almendras, huevos duros, barritas energéticas o paquetes individuales de pudín o flan.
  • Intentá comer alimentos con alto contenido de proteínas. Durante el tratamiento del cáncer de mama, a algunas mujeres comienzan a desagradarles los alimentos con grasas. Si esto te sucede, intentá consumir alimentos de alto contenido de proteínas y bajo contenido graso, como yogurt, queso blanco, huevos, carnes o pescados magros y lentejas.
  • Comé frutas y verduras que tengan muchos nutrientes y almidón. Probá las frutas secas, los jugos naturales de frutas o verduras, o los alimentos vegetales como maíz, arvejas, bananos, mangos y frijoles blancos.

Para obtener más proteína cada día, probá algunas de estas sugerencias:

  • Agregá queso a los sándwiches, el pescado, las verduras, las sopas, las pastas, el arroz y los fideos.
  • Agregá carne magra, pescado o tofu a la salsa para pastas, las sopas y las salsas. También podés sofreírlos con verduras y obtener una comida rápida y deliciosa.
  • Utilizá leche en lugar de agua para cocinar cuando sea posible.
  • Comé huevos duros. Guardalos en el refrigerador para consumirlos como una comida ligera. Agregá huevos duros cortados en trocitos a las ensaladas y los sándwiches.
  • Agregá nueces, semillas o germen de trigo a los panes, las galletas dulces, las tortas, los panecillos, los panqueques y los cereales. También podés esparcirlos sobre helados y frutas.
  • Agregá mantequilla de maní o almendra a los sándwiches, las tostadas, las galletas saladas, los panecillos y las rodajas de fruta. También podés utilizarla para untar verduras crudas.
  • Comé yogurt con rodajas de frutas y verduras o con galletas de dulce.
  • Agregá yogurt helado, helado o crema batida al café, el té o al chocolate caliente.
  • Mezclá queso blanco con salsa y aguacate cortado en trocitos para preparar un delicioso acompañamiento.

¿Cómo alimentarse para recuperar peso después?

Si deseás recuperar peso, es importante que te asegurés de consumir suficientes proteínas. La cantidad será diferente para cada persona. Juntos, vos y el nutricionista diplomado, pueden elaborar un plan de alimentación adecuado.

¿Cómo obtener más proteínas en su dieta?

Las proteínas ayudan a sanar y regenerar los tejidos. Durante el tratamiento, una buena regla general es consumir medio gramo de proteína por cada libra de peso. Por ejemplo, si pesás 160 libras, intentá obtener 80 g de proteína en tu dieta por día. Algunas buenas fuentes de proteínas son la carne magra, el pescado, las aves de corral y los productos lácteos, las nueces, los frijoles secos, las arvejas, las lentejas y la soja.

Dieta saludable

¿Cómo agregar opciones saludables a tu dieta?

Una vez que terminás tu tratamiento, el mejor plan de nutrición y bienestar para vos te ayudarán a recuperar la fuerza y el entusiasmo de vivir. Si bien los investigadores todavía están intentando determinar si el consumo de alimentos no saludables puede aumentar el riesgo de recurrencia del cáncer de mama, realizar cambios positivos en tu dieta te ayudará a tener un papel activo en tu salud y bienestar. A continuación se incluyen algunos consejos que te ayudarán a adoptar una alimentación saludable:

  • Elegí la variedad. Comprá un producto nuevo de fruta, verdura o granos integrales cada vez que vayás al supermercado. Una alimentación saludable incluye el consumo de una VARIEDAD de alimentos. Es cierto, las zanahorias tienen muchas vitaminas, pero si solo comieras zanahorias, no estarías saludable. Date esos gustos ricos y sanos. ¡No tengás miedo de probar algo nuevo!
  • Elegí productos lácteosy leche descremados. Si acostumbrás tomar leche entera, mezclala con leche descremada o de bajo contenido graso para acostumbrarte poco a poco al cambio.
  • Evitá los alimentos curados en sal, en escabeche o ahumados. Estos alimentos suelen tener alto contenido de sal y nitratos, lo que puede contribuir a elevar la presión arterial en algunas personas.
  • Elegí porciones pequeñas (alrededor de 180 gramos) de carnes magras y aves de corral (sin piel) por día. Si comés carne dos veces por día, cada porción debe ser de aproximadamente 90 gramos.
  • Cociná los alimentos al horno o a la parrilla, en lugar de freírlos. La grasa vegetal hidrogenada, que generalmente se utiliza para freír, contiene grasas trans, que pueden aumentar el colesterol.
  • Cubrí tu plato de alimentos frescos con muchos nutrientes. Llená tu plato con dos tercios de verduras, frutas, granos integrales y frijoles, y un tercio o menos de carne y productos lácteos. Probá la lasaña de espinaca, el o las verduras salteadas para incluir más verduras en tu dieta.
  • Elegí jugos naturales y panes integrales para el desayuno. Agregá uvas pasas a la avena o un banano al cereal frío.
  • Consumí comidas ligeras saludables. Probá con zanahorias miniatura, tiras de chile dulce, gajos de naranja, yogurt descremado o un puñado de almendras.
  • Reducí el consumo de grasas saturadas. Elegí cortes magros de carne y aves de corral. Retirá el exceso de grasa de la carne y la piel de las aves de corral. Probá un filete de atún o salmón, en lugar de carne bovina o de cerdo. Limitá el consumo de mantequilla.

Una nueva forma de pensar en los alimentos

Cuando elaborés tu plan de alimentación saludable después del tratamiento, no olvidés incluir la felicidad en la receta. No te privés de tus alimentos favoritos, como el chocolate, los pasteles o las papas fritas, pero no los comás mecánicamente. Pensá en lo que ponés en tu cuerpo. Antes de llevarte algo a la boca, pensá en lo que vas a comer:

  • ¿Qué es y por qué lo comés?
  • Pensá en los alimentos de tu plato como una fuente de nutrición saludable: no es solo combustible, sino algo que te ayuda a recuperarte.
  • Mirá el bocado en el tenedor e imaginá cómo te ayudará a estar más saludable.
  • Masticá cada bocado 30 veces, como mínimo. Sentí cómo los sabores cambian a medida que masticás.
  • Tragá y dejá el utensilio sobre la mesa. Descansá entre un bocado y otro.
  • Después de comer durante 15 o 20 minutos, preguntate si todavía tenés hambre o si podrías esperar varias horas antes de volver a comer.
  • Comé cuando tengás hambre y detenete cuando estés satisfecha. No sigás comiendo hasta sentirte llena.
Top